Hay un chico muy lindo donde trabajo, se llama Giancarlo. No sólo es lindo porque tiene un rostro risueño, sino porque es amable y caballeroso a pesar de ser muy ingenioso y gracioso. Puede burlarse y ser sarcástico sin dejar de ser respetuoso con los demás, tiene un carisma que funciona como un imán de personas y su mentalidad bastante abierta y tolerante lo hace una persona con quien siempre vale la pena tener una conversación.
Anoche soñé con él. Lo acompañaba a su casa porque tenía que cambiarse para ir a otro lugar. O creo que después teníamos que separarnos, no lo recuerdo. El sueño es muy simple: él entra a su cuarto y sale muy bien vestido, de camisa blanca y corbata naranja y terno negro. Le hice un cumplido por su ropa y él se sonrió y creo que hasta se sonrojó un poco. En algún momento se volvió a cambiar, cuando lo vi llevaba una camisa verde oscuro y creo que ya no tenía corbata.
Estábamos riéndonos mucho en el camino por los chistes que él hacía. Llegamos a una esquina y con nosotros, el momento de despedirnos. "Nos vemos." "Chau." Cuando me acerqué a darle un beso, los extremos de nuestros labios chocaron, pasaron uno, dos, tres segundos, yo no sabía qué hacer, no sabía cómo reaccionar, ¿qué hago? ¿qué hago?, pensaba y pensaba y sentía latir mi corazón más rápido y más lento a la vez, más intensamente, sentí que estuve quieta una eternidad, pero sólo fueron segundos.
De repente sentí su lengua acariciando mis labios, tratando de tocar la mía. Mi primera reacción fue perderme pero casi por reflejos me alejé, no muy bruscamente, pero sorprendida. Casi sin pensar, me relamí los labios, mirándolo fijamente a los ojos. Cuando vi su cara de extrañeza me di cuenta de lo que estaba haciendo. Sentí tanta vergüenza que miré al piso y seguí caminando. Él caminaba a mi lado. No habíamos dado cuatro pasos cuando sentí que me tomó de la mano. Entrelacé mis dedos con los suyos y mientras caminaba así, junto a él, me desperté.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario