miércoles, 18 de junio de 2008

Tres personajes

Mis papás permitieron que una amiga se quedara a dormir en mi casa durante una semana. Ellos, a su vez, invitaron a una señora alta, de pelo negro y corto, de cuerpo esbelto, gusto fino por la ropa y el maquillaje (uñas y boca pintadas de rojo), varias arrugas, facciones refinadas y mirada de mala.
Explorando la casa junto con mi amiga, descubrimos un portal que daba a un jardín lleno de vida: había pequeñas colinas, flores de todos los colores, arcoiris, gotas de rocío que parecían escarcha, un cielo celeste y limpio, arroyuelos de agua cristalina y un clima agradable.
Al regresar a la casa, el día que descubrimos ese jardín, estuvimos solas después de mucho tiempo. De repente me dio la impresión de que ella hubiera cambiado de forma: parecía tener menos cabello, se veía más bajita, más chiquita y su cara aparentaba menos edad de la que tenía. La miré tan anonadada que no me di cuenta del tiempo que permanecí mirándola. Cuando volví en mí, la besé. Ella no opuso resistencia.
Los días pasaron igual que ése. Nos divertíamos tanto en ese jardín. Había lugares que hacían las veces de juegos mecánicos gigantes, pero que habían crecido naturalmente en ese lugar. El portal parecía una cúpula de vidrio del tamaño de una persona y brillaba cada vez que entrábamos o salíamos.
Un día, la invitada de mis papás entró a buscarnos al jardín. Sólo asomó la cabeza; no entró con todo su cuerpo. Me sorprendió que supiera del portal pero supuse que tarde o temprano lo encontraría y no me preocupé más por el asunto. Mi amiga y yo nos escondimos un poco de ella porque no queríamos que notara que caminábamos tomadas de la mano. Ella nos dijo que era hora de regresar y mi amiga y yo nos dirijimos a la puerta.
Mi amiga se fue primero. Antes de que pudiera pasar, la señora se interpuso en mi camino y me empezó a hablar. No me acuerdo exactamente de qué me dijo, pero sé que me hizo sentir muy mal y que en ese momento pensé que quería hacerme daño o que se sentía amenazada por mí de alguna manera.
Una vez fuera, busqué a mi amiga de nuevo y nos fuimos a mi cuarto. Cuando la estaba besando, su cara volvió a cambiar, pero esta vez no cambió a su forma original ni a otra que no conociera: era la invitada de mis papás. Yo me alejé bruscamente porque me asusté. Entonces la señora se rió y me reveló que ella, mi amiga y la niña a la que yo besaba eran todas la misma persona. Ella podía cambiar a su gusto cuando quisiera y sólo se había disfrazado para llegar a ese jardín de colores, ya que me necesitaba para entrar.
Mientras yo, horrorizada y angustiada, la escuchaba burlarse de que no me hubiera dado cuenta antes de que se trataba de la misma persona, me iba despertando poco a poco.

No hay comentarios: