domingo, 26 de diciembre de 2010
musical
Soñé que visitaba a unos amigos en Hamburgo. En la vida real también los visité, y en el sueño sucedió todo exactamente igual que como sucedió en la vida real. La única diferencia fue que mi sueño era un musical y nos poníamos a cantar y a hacer coreografías con cada actividad del día.
shelter
Soñé que iba a un shelter de animales. Ahí había perritos que me pertenecían pero que los tenían ahí como favor o algo así. Mi papá era amigo del dueño.
Tenía un cachorrito color crema de pelo ondulado. Se llamaba Silvia.
eclipse
Se veía el cielo oscuro pero lleno de estrellas, como cuando se está en la playa y el cielo está completamente despejado, lo suficiente como para se vea cada constelación que aparece en la noche. Todo, absolutamente todo.
Pero no estábamos en la playa sino en mi casa y yo me había dado cuenta de la luna, tan brillante que hasta parecía que estuviera llena de reflectores, y de pronto se mueve y aparece una segunda luna, ligeramente oscurecida en un lado. Luego una tercera, con un poco más de sombra. Entendí que se estaba dando el eclipse previsto por los astrónomos. Se lo señalé a mi mamá y le dije que iría a buscar a mi papá para que él también lo viera. Mi papá se veía mucho más tranquilo de lo normal, o, mejor dicho, mucho más normal de lo normal. No tenía ese aire violento y soberbio de siempre y ni siquiera olía mal, ja. Trabajaba en algo con mucha serenidad y estaba bien vestido. Le dije que se apurara, que tenía que ver algo. Y mi papá empezó a moverse pero parece que no se daba cuenta de la urgencia del asunto, de que tenía que salir cuanto antes para ver el eclipse. Se tardó buscando su chalina, su chompa. Caminó lento. Para cuando salimos, el eclipse había terminado y no se veían todas las lunas que debían verse. Sólo una última, de muchos colores, una nave extraña con forma de artesanía navideña alemana volando en el cielo y un animal luminoso en forma de pez, también en lo alto del cielo.
No pudimos ver el eclipse, pero aparentemente marcaba algo importante como el inicio oficial astronómico de la navidad. Caminamos hacia el garaje, donde nos esperaban mis tías y más gente. En el camino le decía a mi papá que lo habían predicho los astrónomos (me demoré pronunciando la palabra porque casi confundo "astrólogo" con "astrónomo") pero mi papá me corrigió - equívocamente, a mi parecer - y me dijo "querrás decir los astrólogos". Y yo no quise discutirle, a pesar de que había pensado muy bien qué palabra utilizar antes de decirla.
Al lado de los autos nos esperaban mis tías que nos saludaron por la ocasión del eclipse. Nos decían "felicidades" o "feliz algo" y nos abrazaban y saludaban como si fuera navidad.
viernes, 10 de diciembre de 2010
superhéroes
soñé también con superhéroes monces, tan monces, que ya no me acuerdo de cuáles eran sus poderes. pero deben haber sido algo así como "el poder de derretirse", porque era un sueño más bien absurdo.
¿celos?
Soñé que estaba en una casa parecida a la de mis abuelos. Estábamos comiendo o habíamos terminado de comer porque estábamos en la mesa y fuimos a sentarnos a un sillón en la sala. Philipp se sentó a mi lado. Hablábamos no sé de qué, pero estábamos muy pegados el uno al otro, aprovechando las bromas para hacer contacto físico el uno con el otro. No llegábamos a tocarnos las manos, pero poco faltaba para eso.
En un momento juntamos las frentes y nos miramos a los ojos. Sus ojos son preciosos, de un azul verdoso que a mí me resulta de lo más exótico. Y su pelo rubio, largo y ondeado caía por el costado de mi frente. Así, cerquísima el uno del otro, apareció el impulso que sentimos ante el inminente beso, que era inevitable...
Pero apenas había empezado a acercarme cuando Philipp volteó el rostro. La verdad no sé si fue que se arrepintió o que jamás sintió el impulso de besarme y no se dio cuenta de mi intención o que sí se dio cuenta y huyó deliberadamente.
Volteó por ver a Anna, que vino a sentarse al lado de él. Nadie parecía haberse dado cuenta de nuestros cariños exagerados. Todo siguió de lo más normal. Incluso para mí; yo me paré del sillón para echarme en la alfombra y prender la tele. Había un televisor muy grande a la izquierda de donde estábamos sentados. Me senté para ver mejor y les eché un ojo a ellos.
Anna se había sentado en las piernas de Philipp de manera que ya casi sólo la veía a ella. De rato en rato la miraba por curiosa. Y me daba la impresión de que ella no se daba cuenta de que la miraba, como cuando uno tiene lentes de sol puestos y nadie sabe hacia dónde está dirigiendo la vista... Lo digo porque en un momento ella empezó a acariciar a Philipp, empezó a tocarle los muslos muy sutilmente y a subir su mano hacia su entrepierna. Luego le acariciaba el bajo vientre con un dedo o dos, y todo esto a vista y paciencia mías.
Mi cerebro empezó a correr a mil por hora. ¿Philipp está con Anna? ¿Por eso no me podía besar? ¿Anna está tratando de decírmelo y por eso deja que vea todo eso? ¿Por qué no dicen que están juntos? ¿Es lo mismo que con Magdalena? ¿Entonces le gusto a Philipp en absoluto o no? Si se me acercó así es que sí le gusto, y si se alejó luego, lo más probable es que fuera por Anna, por exclusividad obligada o porque de verdad le gusta ella; y si fue por exclusividad obligada, ¿por qué se deja obligar o por qué se obliga a sí mismo a estar con ella si no la quiere? Y si de verdad le gusta, ¿por qué se me acercó en primer lugar? Todas esas ideas se atorbellinaban en mi cabeza y no me dejaban pensar con completa claridad, terminaba sintiendo una mezcla de tristeza y rabia. ¿Celos a lo mejor? No lo sé. Sólo sé que me paré y me fui porque no aguantaba más.
Salí a la calle en dirección a la estación de tren. Tenía que pasar por un puente de ladrillos de piedra, esos ladrillos de los que están hechas las calles para peatones aquí en Europa. Joonas pasó a mi lado. Me saludó, dijo algo de estar apurado y siguió caminando hacia adelante. Yo también, pero más despacio.
Subí por el puente, pero no volví a bajar. Arriba me esperaba una amiga (no me acuerdo quién) para ir a comprar juntas a una tienda que quedaba en esa calle. Buscábamos una tienda en la que yo ya había estado antes, donde había visto una agenda que me quería comprar. Era una tienda pequeña, su nombre empezaba con B y su logo consistía en un nombre escribo en letras negras, delgadas y desordenadas entreveradas con delineados de círculos y cuadrados en colores cítricos. Entré y no vi la agenda que quería pero habían otras cosas que me gustaban. Creo que compré algo de Hello Kitty para mi mamá y en lugar de la agenda de colores cítricos que quería, terminé comprando otra de colores emo, morado y turquesa oscuro con diseños en negro... Bonito también.
En un momento juntamos las frentes y nos miramos a los ojos. Sus ojos son preciosos, de un azul verdoso que a mí me resulta de lo más exótico. Y su pelo rubio, largo y ondeado caía por el costado de mi frente. Así, cerquísima el uno del otro, apareció el impulso que sentimos ante el inminente beso, que era inevitable...
Pero apenas había empezado a acercarme cuando Philipp volteó el rostro. La verdad no sé si fue que se arrepintió o que jamás sintió el impulso de besarme y no se dio cuenta de mi intención o que sí se dio cuenta y huyó deliberadamente.
Volteó por ver a Anna, que vino a sentarse al lado de él. Nadie parecía haberse dado cuenta de nuestros cariños exagerados. Todo siguió de lo más normal. Incluso para mí; yo me paré del sillón para echarme en la alfombra y prender la tele. Había un televisor muy grande a la izquierda de donde estábamos sentados. Me senté para ver mejor y les eché un ojo a ellos.
Anna se había sentado en las piernas de Philipp de manera que ya casi sólo la veía a ella. De rato en rato la miraba por curiosa. Y me daba la impresión de que ella no se daba cuenta de que la miraba, como cuando uno tiene lentes de sol puestos y nadie sabe hacia dónde está dirigiendo la vista... Lo digo porque en un momento ella empezó a acariciar a Philipp, empezó a tocarle los muslos muy sutilmente y a subir su mano hacia su entrepierna. Luego le acariciaba el bajo vientre con un dedo o dos, y todo esto a vista y paciencia mías.
Mi cerebro empezó a correr a mil por hora. ¿Philipp está con Anna? ¿Por eso no me podía besar? ¿Anna está tratando de decírmelo y por eso deja que vea todo eso? ¿Por qué no dicen que están juntos? ¿Es lo mismo que con Magdalena? ¿Entonces le gusto a Philipp en absoluto o no? Si se me acercó así es que sí le gusto, y si se alejó luego, lo más probable es que fuera por Anna, por exclusividad obligada o porque de verdad le gusta ella; y si fue por exclusividad obligada, ¿por qué se deja obligar o por qué se obliga a sí mismo a estar con ella si no la quiere? Y si de verdad le gusta, ¿por qué se me acercó en primer lugar? Todas esas ideas se atorbellinaban en mi cabeza y no me dejaban pensar con completa claridad, terminaba sintiendo una mezcla de tristeza y rabia. ¿Celos a lo mejor? No lo sé. Sólo sé que me paré y me fui porque no aguantaba más.
Salí a la calle en dirección a la estación de tren. Tenía que pasar por un puente de ladrillos de piedra, esos ladrillos de los que están hechas las calles para peatones aquí en Europa. Joonas pasó a mi lado. Me saludó, dijo algo de estar apurado y siguió caminando hacia adelante. Yo también, pero más despacio.
Subí por el puente, pero no volví a bajar. Arriba me esperaba una amiga (no me acuerdo quién) para ir a comprar juntas a una tienda que quedaba en esa calle. Buscábamos una tienda en la que yo ya había estado antes, donde había visto una agenda que me quería comprar. Era una tienda pequeña, su nombre empezaba con B y su logo consistía en un nombre escribo en letras negras, delgadas y desordenadas entreveradas con delineados de círculos y cuadrados en colores cítricos. Entré y no vi la agenda que quería pero habían otras cosas que me gustaban. Creo que compré algo de Hello Kitty para mi mamá y en lugar de la agenda de colores cítricos que quería, terminé comprando otra de colores emo, morado y turquesa oscuro con diseños en negro... Bonito también.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Conversa
Soñé que hablaba con Jose. El lugar me recordaba un poco al centro del cole en Huampaní. Un camarote en el que apenas y me podía sentar, yo estaba echada boca abajo en la parte de abajo y Jose estaba en una silla, justo afuera. El techo de la cama de arriba casi llegaba a mi espalda. Yo sostenía mi cabeza sobre las palmas de mis manos. Hablábamos... no sé de qué hablábamos. Me daba la impresión de estar repitiendo la conversa de la noche anterior, hablando sobre las chicas con las que él se encuentra, que si quiere algo serio con ellas o no y qué sé yo. También una escena en la que me decía "qué linda eres" y yo me sorprendía tanto como en la conversa real, pero me reía coquetamente.
Raro.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Buscando algo
Soñé que buscaba algo. Creo que un cachorrito o un objeto mío pequeño. Pero era algo que se me había perdido. Entré a la casa de Sebastián Reátegui para buscarlo. La casa era tipo Israelí, con techos bajos y paredes blancas, cortinas en lugar de puertas y a veces ni siquiera eso, sólo un umbral que separaba un cuarto del siguiente. Nada más entrar, estaba el cuarto de Sebas. Su cama al fondo, pegada a la esquina. Al lado, una cómoda. Al medio, una alfombra roja.
Le pregunté si no había visto eso que yo buscaba (lo mencioné concretamente en el sueño, sólo que ahora ya no sé qué cosa era). Me dijo que no lo había visto. Entonces llegó Ann-Caroline para conversar con él. Yo me sentía completamente ajena, fuera de lugar, porque no les tengo confianza ni a Sebas ni a Caroline como para meterme a sus cuartos. Pero ya estaba ahí, buscando esa cosa.
Al final, casi sin darme cuenta, abrí uno de los cajones de la cómoda de Sebastián. Había un montón de polos bien doblados puestos en orden, pero no estaba lo que buscaba. Abrí el siguiente; había un par de cajas que más parecían joyeros, un pedazo de tul arrugado en la esquina, algo rojo que parecía de tela o de plástico y un montón de cachivaches ininteligibles. Entonces Sebas tomó consciencia de que yo le estaba revisando los cajones y me dijo, medio en serio y medio en broma, con ese tono típico suyo, "oye, no me revises la ropa interior, hija". Me dio vergüenza porque nuevamente me di cuenta de que no tenía la confianza con él como para abrirle los cajones y verificar que lo qeu buscaba no estuviera ahí. Le pedí disculpas y me despedí. Me dieron unas bolsas celestes no sé con qué ni para qué, pero me las llevé. Y me fui. Y ahí terminó el sueño.
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