miércoles, 20 de octubre de 2010
Vlogbrothers
Soñé que conocía a John Green, que de alguna manera era amigo de mi tía Rocío (la que vive en USA) y que estaba de visita en la casa de ella. Cuando yo llegué a visitarla, él estaba ahí. Luego llegó Hank Green con otra chica a la que no reconocí y nos quedamos conversando de trivialidades hasta que todos nos tuvimos que ir y dejamos a mi tía Rocío y a Ximena enrulándose el pelo. John Green se despidió de mí con un abrazo, como los alemanes; Hank se despidió con un beso, como los latinos.
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Trabajo frustrado
Soñé que estaba en la casa de una señora en mi primer día de trabajo. No recuerdo bien en qué consistía el trabajo, tenía algo que ver con investigación y baby sitting a la vez... no lo sé. Parecía una cuestión privada porque estábamos en la casa de la jefa principal y nos movíamos del cuarto de escritorio a la biblioteca a uno que otro dormitorio. Había indicios de que en los dormitorios hubieran vivido niños antes, pero el lugar en sí estaba deshabitado salvo por los que nos encontrábamos ahí.
Además de la jefa general, yo tenía un jefe inmediato; un hombre joven, atractivo, blanco y de pelo y ojos negros, un poco más alto que yo, colombiano. Él me indicaba qué hacer, pero aparentemente no había mucho trabajo ese día. Aun así, yo me estaba esforzando por dar lo mejor de mí y dar la mejor impresión posible, ya que al final del día iría mi madre a recogerme, la jefa general le diría cómo estuve y de su opinión dependería que me tomaran definitivamente o no para ese trabajo.
Llegó un momento en que ni mi jefe inmediato sabía qué hacer porque no había más trabajo. Todo estaba en orden, todo lo que había qeu hacerse estaba hecho, y sólo quedaba esperar a que llegara nuevo material con qué trabajar. Decidimos sentarnos a conversar y no sé en qué momento ni cómo fue, pero él me abrazó. Y me apachurró tanto que pensé que me iba a convertir en agua y a caer entre sus brazos. Pero no, lo que pasó fue que él me alejó un poco y me besó. Y entonces yo quise irme corriendo de ese lugar, pero en el fondo este señor y su acento colombiano me gustaban mucho. Le dije "no podemos hacer esto, estamos en el trabajo" y él me respondió "pero ella no se va a dar cuenta, además no hay nada que hacer..."
Supuse (o quise suponer) que él sabía lo que hacía. Y, aunque no me detendré en los detalles, diré que tuvimos relaciones en uno de los dormitorios de ese departamento abandonado. Para cuando terminamos, ya era hora de irme. Mi mamá había llegado a recogerme.
La dueña se mostraba muy cortante, casi no me hablaba. Es más: ni me miraba. Llegamos a una salita (parecida a la salita del departamento de Surco, cuando vivía allá). Nos sentamos en silloncitos pequeños las tres, la jefa (que por cierto se parecía bastante a Susana Villarán), mi mamá y yo. Mi mamá, como siempre, muy arreglada, impecable, sentada tan derecha que casi no necesitaba el respaldar, le preguntó a la jefa "¿Y? ¿Cómo estuvo?" "Bueno..." empezó la jefa. He olvidado la introducción que dio. Pero sí recuerdo cómo terminó la conversación: me preguntó directamente: "A ver, dime, ¿te acostaste o no te acostaste con tu jefe?" Seguramente ella lo llamó por su nombre, pero eso también lo olvidé - lo cual es ahora gracioso porque coincide con el cliché de "me acosté con alguien sin siquiera saber cómo se llamaba". En fin, cuando me preguntó eso, yo sentí cómo la sangre subía a mi cabeza. ¡¡Sí se había dado cuenta!! Y mi jefe no estaba escuchando la conversación... Vaya, ¿qué hacer? ¿Mentir descaradamente? No podía dejar que mi mamá se enterara de que me había acostado con mi propio jefe en horas de trabajo y sin siquiera conocerlo. ¡Qué vergüenza! ¿Qué me diría? Seguramente abriría sus ojos de plato y me daría una cachetada que haría eco en la estratósfera, muerta de vergüenza ella también de tener una hija como yo. A lo mejor me desheredaría o por lo menos dejaría de hablarme y la situación familiar sería tensa por los siguientes días, cosa que yo detesto con toda mi alma... Por otro lado, yo nunca he sabido mentir, y de cualquier manera, si la jefa lo está preguntando, es porque ella ya lo vio, lo cual era muy posible y muy creíble. A ella entonces le resultaría evidentísimo si yo le mintiera, y hacer eso sería a la vez más razón para que no me tomara para el trabajo. Y, a fin de cuentas, el tiempo que me demoré en pensar todo eso, había permanecido callada, con lo cual ya había confirmado de todos modos la afirmación de la jefa. Decidí finalmente decir "Sí. Me acosté con él."
Para mi gran sorpresa, mi madre no reaccionó como yo esperaba. Casi se podría decir que no reaccionó en absoluto, salvo un pequeño asentir con la cabeza. Ni siquiera sentí ondas de odio ni de vergüenza, ni de nada saliendo de ella. Estaba tranquila, como si se tratara de una cosa "normal", o de una noticia que ella pudiera manejar. Totalmente raro. La señora le dijo algo así como "entonces se imaginará que no la podemos tomar para el cargo." Mi mamá y yo asentimos con la cabeza tranquilamente y nos fuimos del lugar.
Además de la jefa general, yo tenía un jefe inmediato; un hombre joven, atractivo, blanco y de pelo y ojos negros, un poco más alto que yo, colombiano. Él me indicaba qué hacer, pero aparentemente no había mucho trabajo ese día. Aun así, yo me estaba esforzando por dar lo mejor de mí y dar la mejor impresión posible, ya que al final del día iría mi madre a recogerme, la jefa general le diría cómo estuve y de su opinión dependería que me tomaran definitivamente o no para ese trabajo.
Llegó un momento en que ni mi jefe inmediato sabía qué hacer porque no había más trabajo. Todo estaba en orden, todo lo que había qeu hacerse estaba hecho, y sólo quedaba esperar a que llegara nuevo material con qué trabajar. Decidimos sentarnos a conversar y no sé en qué momento ni cómo fue, pero él me abrazó. Y me apachurró tanto que pensé que me iba a convertir en agua y a caer entre sus brazos. Pero no, lo que pasó fue que él me alejó un poco y me besó. Y entonces yo quise irme corriendo de ese lugar, pero en el fondo este señor y su acento colombiano me gustaban mucho. Le dije "no podemos hacer esto, estamos en el trabajo" y él me respondió "pero ella no se va a dar cuenta, además no hay nada que hacer..."
Supuse (o quise suponer) que él sabía lo que hacía. Y, aunque no me detendré en los detalles, diré que tuvimos relaciones en uno de los dormitorios de ese departamento abandonado. Para cuando terminamos, ya era hora de irme. Mi mamá había llegado a recogerme.
La dueña se mostraba muy cortante, casi no me hablaba. Es más: ni me miraba. Llegamos a una salita (parecida a la salita del departamento de Surco, cuando vivía allá). Nos sentamos en silloncitos pequeños las tres, la jefa (que por cierto se parecía bastante a Susana Villarán), mi mamá y yo. Mi mamá, como siempre, muy arreglada, impecable, sentada tan derecha que casi no necesitaba el respaldar, le preguntó a la jefa "¿Y? ¿Cómo estuvo?" "Bueno..." empezó la jefa. He olvidado la introducción que dio. Pero sí recuerdo cómo terminó la conversación: me preguntó directamente: "A ver, dime, ¿te acostaste o no te acostaste con tu jefe?" Seguramente ella lo llamó por su nombre, pero eso también lo olvidé - lo cual es ahora gracioso porque coincide con el cliché de "me acosté con alguien sin siquiera saber cómo se llamaba". En fin, cuando me preguntó eso, yo sentí cómo la sangre subía a mi cabeza. ¡¡Sí se había dado cuenta!! Y mi jefe no estaba escuchando la conversación... Vaya, ¿qué hacer? ¿Mentir descaradamente? No podía dejar que mi mamá se enterara de que me había acostado con mi propio jefe en horas de trabajo y sin siquiera conocerlo. ¡Qué vergüenza! ¿Qué me diría? Seguramente abriría sus ojos de plato y me daría una cachetada que haría eco en la estratósfera, muerta de vergüenza ella también de tener una hija como yo. A lo mejor me desheredaría o por lo menos dejaría de hablarme y la situación familiar sería tensa por los siguientes días, cosa que yo detesto con toda mi alma... Por otro lado, yo nunca he sabido mentir, y de cualquier manera, si la jefa lo está preguntando, es porque ella ya lo vio, lo cual era muy posible y muy creíble. A ella entonces le resultaría evidentísimo si yo le mintiera, y hacer eso sería a la vez más razón para que no me tomara para el trabajo. Y, a fin de cuentas, el tiempo que me demoré en pensar todo eso, había permanecido callada, con lo cual ya había confirmado de todos modos la afirmación de la jefa. Decidí finalmente decir "Sí. Me acosté con él."
Para mi gran sorpresa, mi madre no reaccionó como yo esperaba. Casi se podría decir que no reaccionó en absoluto, salvo un pequeño asentir con la cabeza. Ni siquiera sentí ondas de odio ni de vergüenza, ni de nada saliendo de ella. Estaba tranquila, como si se tratara de una cosa "normal", o de una noticia que ella pudiera manejar. Totalmente raro. La señora le dijo algo así como "entonces se imaginará que no la podemos tomar para el cargo." Mi mamá y yo asentimos con la cabeza tranquilamente y nos fuimos del lugar.
lunes, 11 de octubre de 2010
Silvia
Hace tiempo que no soñaba con gente que conocía. Soñé que visité a una amiga del colegio, Silvia. Ella vivía en una casa bonita y grande frente a un parque también grande. Había poca gente en el parque, apenas un par de niños corriendo con las empleadas vigilándolos.
Silvia y yo estábamos en otro lugar, pero no sé en dónde. El sueño empezó con un viaje en bus que hacíamos las dos en dirección a su casa. No era un micro como los que recuerdo de Lima, era un bus que se parecía más a los que usan aquí en Alemania, moderno, limpio y lleno de gente calladita que no hace ruido para no interrumpir el silencio que existe gracias a que el conductor es lo suficientemente considerado como para no encender la radio durante el viaje. Viajábamos en un bus así y veíamos que afuera estaba todo gris, típico en Lima. Y llovía. O bueno, garuaba (porque la lluvia de verdad creo que es algo desconocido en Lima).
Yo me sentía tan a gusto en ese bus con calefacción que me dio mucha pereza bajar y salir al frío cuando llegamos a nuestro destino. Pero Silvia un poco que me jalaba y me apuraba y eso me ayudaba a desperezarme. Fuimos hasta su casa y me paseó por varios ambientes. No se veía "pituca" como por fuera o como el barrio. Era sencilla, las paredes no estaban recién pintadas y los muebles bien podrían haber sido comprados de segunda mano. Y a pesar de que había un mayordomo planchando ropa en el cuarto de servicio y una empleada lavando ropa en la lavandería, todo se sentía muy familiar, por así decirlo.
Teníamos que salir a la tienda o a ver no sé qué. El punto es que teníamos que salir a algún lugar a la vuelta de la esquina. Y no se nos ocurrió mejor idea que ir en bicicleta, las dos. No recuerdo la parte en la que fuimos (seguramente fuimos a la panadería a comprar el desayuno porque era muy temprano). Pero recuerdo que regresando, por jugar, nos sentamos de manera que nos miráramos cara a cara. Silvia dirigía la bicicleta, yo le daba la espalda al camino y la miraba a ella y nos reíamos, nos parecía gracioso y divertido el concentrarnos en no perder el equilibrio y en no chocarnos con nada. Y se sentía muy a gusto porque al estar tan cerca, repelíamos el frío de la mañana. Estábamos tibias. Y nos abrazamos, aún avanzando en la bicicleta. Y sin frenar, empezamos a besarnos. Y el beso duró lo que suelen durar los besos. Y no nos sentíamos culpables porque tampoco nos sentíamos llenas de lujuria. Era sólo un beso.
Y así pasamos el rato, besándonos y paseando en bicicleta por el parque, por los alrededores de su casa, por la vuelta de la esquina. No sé cómo no nos chocábamos con nada, porque íbamos siempre con los ojos cerrados.
Hasta que recordé que yo no tenía todo el tiempo del mundo. Recordé que mi hermana iría con mi tío y que yo había acordado encontrarme con ellos por ahí y que ellos no sabían exactamente dónde quedaba la casa de Silvia (porque yo tampoco lo sabía hasta que Silvia me mostró el camino) y que habíamos dicho que yo los encontraría en el parque para luego ir con ellos a otro lugar. Y se me había pasado la hora por besar a Silvia.
Entonces reaccioné y la alejé apurada y empecé a buscar a mi tío y a mi hermana. Mi hermana, en mi sueño, tenía todavía dos o tres años y mi tío, igual qeu en la vida real, tenía sus setenta y tantos. Una bebé y un viejito deambulando en un barrio que no conocían, esperando que yo me apareciera en algún momento y viendo cómo se pasaba la hora y ellos se iban perdiendo más en ese barrio desconocido y yo no aparecía. Entonces empecé a correr para buscar a mi hermana y me desesperaba no encontrarla. Hasta que escuché su voz de bebe cantando una canción inventada por ella, diciendo en su media lengua "buscando a Kiara, buscando a Kiara". Entonces sentí alivio por un par de segundos y luego me volvió a entrar el pánico ante la idea de que en lugar de estar caminando hacia mí, mi hermana se estuviera alejando. Y empecé a correr y a correr hasta que la vi, a la vuelta de una esquina, y ella me vio y empezó a correr con sus piernecitas de bebé hacia mí, sonriendo de oreja a oreja, sin darse cuenta de que podría haberse perdido con mi tío (que estaba detrás de ella), feliz de verme nada más. Y me dio una ternura y un sentimiento de culpa muy grandes al ver que mi hermana estaba tan indefensa y que yo la había olvidado por quedarme besando a una amiga de la infancia.
Silvia y yo estábamos en otro lugar, pero no sé en dónde. El sueño empezó con un viaje en bus que hacíamos las dos en dirección a su casa. No era un micro como los que recuerdo de Lima, era un bus que se parecía más a los que usan aquí en Alemania, moderno, limpio y lleno de gente calladita que no hace ruido para no interrumpir el silencio que existe gracias a que el conductor es lo suficientemente considerado como para no encender la radio durante el viaje. Viajábamos en un bus así y veíamos que afuera estaba todo gris, típico en Lima. Y llovía. O bueno, garuaba (porque la lluvia de verdad creo que es algo desconocido en Lima).
Yo me sentía tan a gusto en ese bus con calefacción que me dio mucha pereza bajar y salir al frío cuando llegamos a nuestro destino. Pero Silvia un poco que me jalaba y me apuraba y eso me ayudaba a desperezarme. Fuimos hasta su casa y me paseó por varios ambientes. No se veía "pituca" como por fuera o como el barrio. Era sencilla, las paredes no estaban recién pintadas y los muebles bien podrían haber sido comprados de segunda mano. Y a pesar de que había un mayordomo planchando ropa en el cuarto de servicio y una empleada lavando ropa en la lavandería, todo se sentía muy familiar, por así decirlo.
Teníamos que salir a la tienda o a ver no sé qué. El punto es que teníamos que salir a algún lugar a la vuelta de la esquina. Y no se nos ocurrió mejor idea que ir en bicicleta, las dos. No recuerdo la parte en la que fuimos (seguramente fuimos a la panadería a comprar el desayuno porque era muy temprano). Pero recuerdo que regresando, por jugar, nos sentamos de manera que nos miráramos cara a cara. Silvia dirigía la bicicleta, yo le daba la espalda al camino y la miraba a ella y nos reíamos, nos parecía gracioso y divertido el concentrarnos en no perder el equilibrio y en no chocarnos con nada. Y se sentía muy a gusto porque al estar tan cerca, repelíamos el frío de la mañana. Estábamos tibias. Y nos abrazamos, aún avanzando en la bicicleta. Y sin frenar, empezamos a besarnos. Y el beso duró lo que suelen durar los besos. Y no nos sentíamos culpables porque tampoco nos sentíamos llenas de lujuria. Era sólo un beso.
Y así pasamos el rato, besándonos y paseando en bicicleta por el parque, por los alrededores de su casa, por la vuelta de la esquina. No sé cómo no nos chocábamos con nada, porque íbamos siempre con los ojos cerrados.
Hasta que recordé que yo no tenía todo el tiempo del mundo. Recordé que mi hermana iría con mi tío y que yo había acordado encontrarme con ellos por ahí y que ellos no sabían exactamente dónde quedaba la casa de Silvia (porque yo tampoco lo sabía hasta que Silvia me mostró el camino) y que habíamos dicho que yo los encontraría en el parque para luego ir con ellos a otro lugar. Y se me había pasado la hora por besar a Silvia.
Entonces reaccioné y la alejé apurada y empecé a buscar a mi tío y a mi hermana. Mi hermana, en mi sueño, tenía todavía dos o tres años y mi tío, igual qeu en la vida real, tenía sus setenta y tantos. Una bebé y un viejito deambulando en un barrio que no conocían, esperando que yo me apareciera en algún momento y viendo cómo se pasaba la hora y ellos se iban perdiendo más en ese barrio desconocido y yo no aparecía. Entonces empecé a correr para buscar a mi hermana y me desesperaba no encontrarla. Hasta que escuché su voz de bebe cantando una canción inventada por ella, diciendo en su media lengua "buscando a Kiara, buscando a Kiara". Entonces sentí alivio por un par de segundos y luego me volvió a entrar el pánico ante la idea de que en lugar de estar caminando hacia mí, mi hermana se estuviera alejando. Y empecé a correr y a correr hasta que la vi, a la vuelta de una esquina, y ella me vio y empezó a correr con sus piernecitas de bebé hacia mí, sonriendo de oreja a oreja, sin darse cuenta de que podría haberse perdido con mi tío (que estaba detrás de ella), feliz de verme nada más. Y me dio una ternura y un sentimiento de culpa muy grandes al ver que mi hermana estaba tan indefensa y que yo la había olvidado por quedarme besando a una amiga de la infancia.
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