Estaba entrando a una gran construcción que parecía un laberinto. Las paredes eran altísimas y tenían cuadros y vitrinas en casi todas. En los primeros salones no habían techos, pero conforme iba avanzando en la construcción, los cuartos iban cubriéndose con materiales cada vez más modernos. Primero cañas, luego madera, luego madera enchapada, muchos otros diferentes techos antes de llegar al cemento.
En el primer cuarto las paredes eran de piedra. Recuerdo una vitrina que estaba en la primera pared que uno veía nada más atravesando el portal que hacía de entrada. Adentro tenía escenas en miniatura de hombres de las cavernas cazando, sembrando, cocinando. Arriba había una gran piel de oso colgada en la pared.
Entendí que se trataba de un museo de historia en el que cada salón estaba decorado de acuerdo a la época histórica que representaba. Por ejemplo, la edad de piedra, evidentemente, tendría que estar construida de manera primitiva, y por eso no tenía techo. Estaba con un grupo de personas y de vez en cuando les explicaba algo que supiera sobre lo que veíamos en las vitrinas o en los cuadros.
Entramos a un salón grande que tenía una mesa en el centro. Era la sección de "Historia medieval". Me alegré porque conocía mucho sobre ese período de la historia y estaba ansiosa por comentar todo lo que sabía con las personas que me acompañaban. Llegué a decir varias cosas pero todos parecían estar ocupados en mirar hacia otro lado y no me prestaron mucha atención. Decidí que no importaba y preferí seguir de largo, sola, en vez de esperar a captar la atención de sus oídos.
Llegué a una habitación que parecía haber estado cerrada. Estaba llena de vitrinas que estaban llenas de alhajas, todas de plata y piedras preciosas. Collares, pulseras, aretes, todo en ese lugar hubiera brillado si la luz hubiera estado encendida. Justo entonces llegó Patty a prender la luz. Todo se iluminó, desde los fluorescentes de la sala hasta los foquitos de las vitrinas. Me gustó todo lo que vi, di una vuelta alrededor de la mesa de centro (que también era una vitrina) y salí.
Afuera había varios pasillos. El sitio ya parecía una construcción moderna y vi a mucha gente de Nueva Acrópolis moviéndose en todas direcciones. Llevaban sus polos verdes de voluntariado, creo que estaban ayudando a construir el museo. Saludé a algunos, ayudé a llevar algunos polos de aquí para allá y luego me volví a ir.
No sé cómo regresé al salón de historia medieval. Entonces me di cuenta de que tenía una puerta que daba a otro salón del mismo estilo. El segundo salón era aun más grande y vi a varias personas moviéndose adentro. Entonces vi a Giancarlo, vestido con ropa del siglo 17 (muy a lo Shakespeare), con papeles enrollados en la mano derecha, dirigiendo a las personas que caminaban agitadamente en el salón. Al fondo había un escenario sobre el que caía una larga cortina roja.
Giancarlo era el director de una obra de teatro que se montaría en ese escenario, se trataba de una obra de Shakespeare, precisamente.
Yo corrí hacia él y él me gritó "¡Kiarita!" y abrió los brazos con una sonrisa en los labios. Salté y con mis brazos alrededor de su cuello, él me abrazó también a mí y se dio una vuelta completa conmigo en brazos. Cuando me devolvió al piso me tomó de las manos y empezó a participarme los avances del montaje.
Le dije "Sí, he leído la obra, te juro que me pareció buenísima. O sea, mira acá..." yo tenía el libreto en mis manos, le señalé unos párrafos con el dedo índice para comentar algún verso que me había parecido especialmente genial. Recordé que me había tomado al menos unas tres horas para leer el libreto varias veces antes de llegar al museo. No sé cuál era la trama de la obra, pero me acordé que jugaba con el efecto "cajita china", es decir, contaba una historia dentro de otra historia (como en Moulin Rouge o Moon Palace).
Él me dijo "Bueno, yo no he tenido tiempo de leerla todavía, pero está quedando excelente." Cuando me dijo que no la había leído, mi atención se volcó sobre el ambiente y dejé de escucharlo, inconscientemente, claro. Le dije que le iba a ayudar a montar la obra, que incluso me sabía de memoria los diálogos. Él sería el personaje masculino principal, me pidió que hiciera de su contraparte femenina. Yo, encantada.
Pasé tras las bambalinas para ver quiénes se movían y vi a un montón de personas con atuendos Shakespirianos moviendo escaleras, telas, felpas y escenografías. Me choqué con un par de personas que caminaban atolondradas y apuradas, me acuerdo de una mujer que iba con un vestido amarillo y peluca blanca llevando una escalera de madera. Yo estaba en jeans y botas, un polo y mi pelo suelto. Me sentía un poco fuera de lugar. Atravesé el lugar con el libreto enrollado en mis manos. Me alejé caminando sobre el piso de madera del escenario y mientras caminaba hacia lo oscuro del fondo del salón, me desperté.
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