Hace poco se construyó un edificio blanco al lado de mi casa.
Ahora lo estaban demoliendo para construirlo de nuevo.
Me divertía mucho ir a la demolición cuando no había nadie porque podía subir por vigas a lugares altos y quedarme ahí sentada mirando todo desde arriba.
Un día fui con una amiga de pelo corto y corte honguito, algo gordita. No recuerdo quién era. Habían dos policías mujeres en el sitio, vestidas de azul con sacos largos, llenos de botones. Mi amiga y yo estábamos sentadas en lo que había sido el piso de una terraza alta cuando vimos llegar a otra chica que había tenido problemas con nosotras; líos de secundaria, malentendidos, ese tipo de problemas. Llegó con una calculadora verde en las manos y cuando nos vió su cara se llenó de rabia y comenzó a hablar y nosotras también, tratando de resolver asuntos caducos, pero ella no oía razones y simplemente tiró la calculadora hacia donde estaban las policías. Yo, imaginando lo que podía ser, y sabiendo con qué intenciones podía utilizar su conocimiento esa chica, grité "¡Cuidado!" Una de las policías volteó de donde estaba sentada y vió la calculadora y puso cara de muy asustada, cogió la calculadora y la lanzó con todas sus fuerzas hacia lo que había sido el sótano, un lugar profundo con algunos muros que lo separaban del resto de la construcción. No había terminado de caer el objeto cuando vimos y escuchamos una explosión.
Sonó algo como un balazo muy corto y la explosión se reabsorbió muy pronto. Creo que incluso me sentí decepcionada porque había esperado un mayor desastre viniendo la bomba de esa chica que yo consideraba tan hábil.
La otra policía agarró a la chica por los brazos, y empezó a forcejear con ella, derrepente la chica se quedó tranquila y empezó a reírse a carcajadas. Entonces dijo "¡Tontas! ¿Creen que la explosión era todo el daño de la bomba? Esa era una bomba biológica, en segundos todos los sistemas orgánicos dentro de un kilómetro a la redonda empezarán a destruirse si estuvieron cerca a la explosión." Entonces empecé a ver cómo algunas partes de las paredes se derretían, me acordé de que mezclaban cemento y arena para construir, vi que la pintura se caía de las pareces como agua, y entonces... ¡AAAAAAAAAAAHHH! Escuché un grito desgarrador y cuando volteé vi a la policía que había lanzado la bomba con la cara partida en dos, como si hubiera sido pisada por una aplanadora muy pesada, toda su cara sangraba e incluso podía ver los sesos entre las rajaduras del hueso. Pero la policía seguía viva y desangrándose. La chica se rió aún más cuando la policía que la tenía agarrada la soltó para ayudar a su compañera y le pasó lo mismo, ambas estaban muriendo en el suelo de esa construcción mientras la chica huía.
La amiga con la que había ido me gritó ¡Corre a tu casa! ¡Vete de aquí! Y yo sin atinar a nada por el miedo y la confusión le hice caso y empecé a correr a mi casa, a mitad del camino oí un crujido muy fuerte y vi sangre en el piso.
Al entrar me vi a un espejo, me había pasado exactamente lo mismo que a las policías, mi cara estaba partida en dos, aplastada y sangrando, mis sesos se veían a través de la ruptura del hueso. Mis padres no estaban y yo desesperada me eché pintura rosada y celeste en toda la ropa, creyendo que por ser inorgánica me protegería. Salí al jardín y empecé a llorar. Entonces escuché la reja abriéndose y me escondí en una esquina. No quería que me vieran en ese estado. Me daba vergüenza.
Pero cuando llegaron al jardín no pude más "Papi, mami, mírenme." con lágrimas en los ojos y la cara sucia y ensangrentada. Mi papá se quedó boquiabierto y mi mamá me dijo "¿Y? Ya pues, no pasa nada, por eso no se llora" Parecía que supiera que realmente lloraba por lo feo que se veía mi rostro entonces, me sentía un monstruo.
Recién en ese momento tuve fuerzas para decirle a mi papá que teníamos que alejarnos, que habían detonado una bomba biológica que destruiría a todo lo que encontrara a un kilómetro a la redonda. Mi papá, más preocupado por mi histeria que por su salud dijo "entonces hay que regresar todos al carro"
Subí con todos, mi papá manejando y empezamos el camino hacia la casa de mis abuelos. Teníamos que pasar frente al edificio y vi que salía humo pero no había fuego, era como si todo se derritiera sólo con el sol.
Habían muchas cámaras y reporteros en la entrada y tres cuerpos adentro, se veían porque no habían paredes. En medio de los reporteros un militar vestido de verde, saco largo lleno de botones, bigotes negros, un poco gordo. Parecía estar explicándolo todo. Pensé que si ese hombre y toda la demás gente estaba tan cerca al lugar de la detonación era porque el efecto ya había pasado, ya no había peligro. "Estamos salvados, estoy salvada" y una sensación de alivio que nunca había tenido recorrió todo mi cuerpo en ese momento porque supe con certeza que no iba a morir.
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