Estaba en la casa de mi abuela porque era el cumpleaños de una de mis primas menores.
Mi mamá, una prima suya y más personas de mi familia materna estaban discutiendo las bondades de las cámaras digitales. Mi abuelita aprovechó el momento para mencionar que ella no entendía de cámaras digitales y que por eso prefería quedarse con su vieja cámara tradicional de rollo, que por cierto había dejado de funcionar, no sabía por qué. Dicho esto, todos en la sala voltearon a mirarme esperando que yo fuera por el aparato y tatara de arreglarlo.
Me paré y lo encontré en el armario del dormitorio de mi abuela; era una cámara negra, larga. La examiné pensando que no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba ese aparato, pero por alguna razón, cuando digo que no entiendo algo, nadie en mi familia me cree y prefieren pensar que no quiero ayudarlos. Así que, como de costumbre, me vi obligada a investigar empíricamente el funcionamiento de la cámara.
Para mi sorpresa, empecé a comprender más o menos cómo estaba ensamblada sin mayores dificultades. Logré separarla en cuatro piezas y al armarla de nuevo (con ayuda de Juan Diego, mi primo, porque yo sola ya no podía) volvió a funcionar.
En ese momento salí del departamento de mi abuela y bajé para saludar a mi prima, que había llegado con sus dos hermanas y su mamá. Su hermana mayor la tenía cargada y su mamá estaba bajando varios paquetes de la 4x4 en la que habían venido todos.
Cuando mi tía y Antonella (la mayor) me vieron, parecieron aguantar la risa y mi tía hasta volteó la mirada. Antonella se acercó a mí con Rafaella (la cumpleañera) en sus brazos y me dijo "Kiarita, ¿no vas a saludar a la Raspi por su santo?" De nuevo se miró con mi tía y se aguantaron la risa. Sospeché que lo hacían porque creían que yo iba a salir con algún comentario que tuviera que ver con filosofía y que se estaban burlando por adelantado de lo que según ellas eran pachotadas.
- Hola Rafaellita, ¡feliz cumpleaños! Debes sentirte muy
- ... ¿inculpada? - Me interrumpió Antonella, de nuevo aguantando la risa.
- ¿Inculpada? Pero si ella no tiene culpa de nada. Bueno, que este nuevo año sea otro ciclo provechoso para ti Rafaellita. - Antonella casi no podía contener la risa.
- Sí, y que sea deliberante. ¿No? - Me di cuenta de que se estaba burlando de que normalmente nadie entendía lo que yo decía y quería hacer énfasis en mi vocabulario utilizando palabras rebuscadas cuyo significado ella ni entendía.
Finalmente decidí no darle importancia y subí junto con todos para cumplir haciendo acto de presencia en ese lugar.
Mientras estaba ahí sólo podía pensar en estar en cualquier otro lugar. Pensaba en Jhajaira, en Roberto, en Nueva Acrópolis, pensaba en irme. No podía disfrutar estar ahí, estaba tan aburrida...
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