Cerré el libro y me di cuenta de que todo había sido parte de una historia que estaba leyendo. Pero esa historia no estaba escrita en ningún idioma conocido. Más parecía un código que mi mente leía automáticamente y que lograba que las imágenes se plasmaran directamente en mi mente. Era como si apenas lo abriera regresaran a mí las escenas de la princesa, del prícipe en su caballo blanco, del moro y el establo, de la dama de corte con su profesor/amante. Todo llegaba a mí directamente apenas abría el libro con la foto del príncipe en la pasta. Parecía magia.
Resultó que era una especie de trabajo que me había dejado para la clase de castellano con Frau Díaz. Tenía que buscar un artículo sobre tipos de literatura tomando como base lo que supiera de ése libro. Encontré en internet uno que decía "... hay autores que afirman que sólo hay un tipo de buena literatura: la literatura épica. Aquella en la que aparecen caballeros y princesas demostrando valentía, entre otros valores y virtudes que poseen y que van desarrollando a lo largo de la historia. Otros autores creen que la calidad de la literatura depende de la manera en la que las partes de la historia coincidan como las piezas de un rompecabezas para lograr una obra homogénea..."
Yo estaba reflexionando sobre estos asuntos cuando me di cuenta de que tenía que apurarme. Tomé el libro y lo puse debajo de mi brazo. Busqué la puerta y mientras caminaba a ella, me desperté.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario