Hace tiempo que no soñaba con gente que conocía. Soñé que visité a una amiga del colegio, Silvia. Ella vivía en una casa bonita y grande frente a un parque también grande. Había poca gente en el parque, apenas un par de niños corriendo con las empleadas vigilándolos.
Silvia y yo estábamos en otro lugar, pero no sé en dónde. El sueño empezó con un viaje en bus que hacíamos las dos en dirección a su casa. No era un micro como los que recuerdo de Lima, era un bus que se parecía más a los que usan aquí en Alemania, moderno, limpio y lleno de gente calladita que no hace ruido para no interrumpir el silencio que existe gracias a que el conductor es lo suficientemente considerado como para no encender la radio durante el viaje. Viajábamos en un bus así y veíamos que afuera estaba todo gris, típico en Lima. Y llovía. O bueno, garuaba (porque la lluvia de verdad creo que es algo desconocido en Lima).
Yo me sentía tan a gusto en ese bus con calefacción que me dio mucha pereza bajar y salir al frío cuando llegamos a nuestro destino. Pero Silvia un poco que me jalaba y me apuraba y eso me ayudaba a desperezarme. Fuimos hasta su casa y me paseó por varios ambientes. No se veía "pituca" como por fuera o como el barrio. Era sencilla, las paredes no estaban recién pintadas y los muebles bien podrían haber sido comprados de segunda mano. Y a pesar de que había un mayordomo planchando ropa en el cuarto de servicio y una empleada lavando ropa en la lavandería, todo se sentía muy familiar, por así decirlo.
Teníamos que salir a la tienda o a ver no sé qué. El punto es que teníamos que salir a algún lugar a la vuelta de la esquina. Y no se nos ocurrió mejor idea que ir en bicicleta, las dos. No recuerdo la parte en la que fuimos (seguramente fuimos a la panadería a comprar el desayuno porque era muy temprano). Pero recuerdo que regresando, por jugar, nos sentamos de manera que nos miráramos cara a cara. Silvia dirigía la bicicleta, yo le daba la espalda al camino y la miraba a ella y nos reíamos, nos parecía gracioso y divertido el concentrarnos en no perder el equilibrio y en no chocarnos con nada. Y se sentía muy a gusto porque al estar tan cerca, repelíamos el frío de la mañana. Estábamos tibias. Y nos abrazamos, aún avanzando en la bicicleta. Y sin frenar, empezamos a besarnos. Y el beso duró lo que suelen durar los besos. Y no nos sentíamos culpables porque tampoco nos sentíamos llenas de lujuria. Era sólo un beso.
Y así pasamos el rato, besándonos y paseando en bicicleta por el parque, por los alrededores de su casa, por la vuelta de la esquina. No sé cómo no nos chocábamos con nada, porque íbamos siempre con los ojos cerrados.
Hasta que recordé que yo no tenía todo el tiempo del mundo. Recordé que mi hermana iría con mi tío y que yo había acordado encontrarme con ellos por ahí y que ellos no sabían exactamente dónde quedaba la casa de Silvia (porque yo tampoco lo sabía hasta que Silvia me mostró el camino) y que habíamos dicho que yo los encontraría en el parque para luego ir con ellos a otro lugar. Y se me había pasado la hora por besar a Silvia.
Entonces reaccioné y la alejé apurada y empecé a buscar a mi tío y a mi hermana. Mi hermana, en mi sueño, tenía todavía dos o tres años y mi tío, igual qeu en la vida real, tenía sus setenta y tantos. Una bebé y un viejito deambulando en un barrio que no conocían, esperando que yo me apareciera en algún momento y viendo cómo se pasaba la hora y ellos se iban perdiendo más en ese barrio desconocido y yo no aparecía. Entonces empecé a correr para buscar a mi hermana y me desesperaba no encontrarla. Hasta que escuché su voz de bebe cantando una canción inventada por ella, diciendo en su media lengua "buscando a Kiara, buscando a Kiara". Entonces sentí alivio por un par de segundos y luego me volvió a entrar el pánico ante la idea de que en lugar de estar caminando hacia mí, mi hermana se estuviera alejando. Y empecé a correr y a correr hasta que la vi, a la vuelta de una esquina, y ella me vio y empezó a correr con sus piernecitas de bebé hacia mí, sonriendo de oreja a oreja, sin darse cuenta de que podría haberse perdido con mi tío (que estaba detrás de ella), feliz de verme nada más. Y me dio una ternura y un sentimiento de culpa muy grandes al ver que mi hermana estaba tan indefensa y que yo la había olvidado por quedarme besando a una amiga de la infancia.
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